José Mendoza Lara: el Poeta membrillo

José Mendoza Lara:

el Poeta membrillo

 

Por: Sr. Tarántula

 

Los poetas son los soñadores rebeldes del infinito, los profetas que comunican al mundo con el deseo, pero sin aferrarse a aquél; enlazan la ley a la sensibilidad sin olvidar que la esencia de su canto es transgresora del lenguaje.

 

Rosario Herrera Guido

 

Fotos cortesías

“El corazón del mundo tiene taquicardia” [*], así nos habla la realidad inserta en los Poemas Membrillo porque así versa la realidad inserta en los múltiples desvelos del poeta. Desprovista por convicción propia de la parafernalia lingüística, en la poética mendoziana se otea un distinto pulsar del mundo al interpretarlo desde una perspectiva lejana a los convencionalismos estéticos.

La palabra-membrillo, conformadora de estos poemas, es ácida por naturaleza mas su acidez se ve matizada con la dulce cadencia, el ritmo y las recurrentes imágenes del sí mismo y de la otredad. En los cinco volúmenes [**], los bifurcos senderos de lo contemporáneo se entrelazan los dedos en el devenir de los poemas y por ende el sarcasmo y la antipoesía resultan el contrapunto idóneo para manifestar el sentir de inconformidad ante la real tiranía que desdibuja horizontes para transformarlos en falacias.

“Hambre de jefatura padece el mundo” y es hacia ese mundo, contenedor de sueños y aniquilador de esperanzas, se dirigen las metáforas-membrillo en aras de tocar alguna pupila sensible a la realidad que no se anuncia en televisión.

“Es que estamos en la ciudad/ del dulce placer de no hacer nada” y por ello “anda uno por allí/ con el lenguaje bien erecto” en vísperas de transgredir el conformista consumismo con el cual el omnipresente poder de las transnacionales bendice los diarios amaneceres del orbe.

Fotos cortesía

La lectura a contraluz de la radiografía-membrillo demuestra que en los primeros tres volúmenes hay un centenar de poemas donde se alude lo cotidiano en franca comunión con los recuerdos de una camargueña infancia, a ello le secundan amorosos versos para Laura Espárrago, su compañera de toda la vida, y culminan con algunos poemas en donde ciertos miembros familiares son el eje articulador de los mismos.

“Al escribir,/ sin percatarnos/ estamos dibujando un ave”. José redacta y por lo tanto, sin pretenderlo, dibuja esa ave para presentarla en su cuarto volumen: Pajaromaquia. Poema de largo aliento en donde una vez más los estrictos cánones literarios pernoctan en otra morada que le es ajena al Poeta membrillo, y así, deslindado por voluntad propia de toda limitante académica, se da rienda suelta y tiempo para crear un canto en donde “la lechuza ordeña/ los pechos de la Luna,/ desgravita los mares,/ hace los cambios de riel al viento”. José lo escribe porque lo ha vivido en carne propia. Así de simple, así de intenso, así de cierto.

Ciudad de argamasa y piedra conforma el corolario de los textos. Inicia con un “Pórtico” dedicado al creador de la Elegía de los triángulos, Ramón Martínez Ocaranza. Después se presenta un poema dividido en tres movimientos donde el conjunto arquitectónico que funge como espacio de interacción simbólica es avizorado desde una perspectiva muy particular, la del aeda, quien nos dice que la ciudad está “Argamasada con sangre/ semen/ saliva/ sudor/ y odio” y transitando entre sus arterias de concreto estamos los civiles que somos y gustamos desconocernos en todo momento.

“¿Alguno de ustedes ha repetido/ lluvia lluvia lluvia/ hasta amanecer asido a la tormenta?”. José Mendoza Lara sí, lo hace todas las noches en compañía de su editora lechuza y por eso en el quinteto de libros nos presenta un torrente de imágenes no aptas para los corazones conservadores pues de inmediato sentirían taquicardia al contacto con la adrenalina-poética mendoziana; ahora bien, hay lectores avezados, de esos llamados kamikazes, mismos que identifican a la poesía como el motor idóneo para dejar de contar pasos y con ella mejor optan por darle alas a la creatividad; dado que usted pertenece a este segundo grupo, le invito a que abra los ojos y alguno de estos cinco volúmenes para estar en comunión con la palabra-membrillo y por ende: “cambiarle el metabolismo/ al mundo y al pensamiento”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Notas

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Las citas fueron tomadas de los cinco poemarios que abajo se mencionan.

 

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PRIMER VOLUMEN: I. Mundanal Grandeza; II. Riesgos del Oficio; III. La Fácil Quiebra de la Salud; IV. Suave Pétrea. SEGUNDO VOLUMEN: V. De la Forma, del Fondo y de la Falda; VI. Poema Endocrinológico. TERCER VOLUMEN: VII. El Poder de los Epígonos; VIII. La Intemperie; IX. Al Declinar la Adolescencia. CUARTO VOLUMEN: Pajaromaquia. QUINTO VOLUMEN: Ciudad de argamasa y piedra.