A escena: Fernando Ortiz Rojas

  • Entonces, ahí sentada escuchaba su relato y tras ver como movía sus manos e incorporaba su cuerpo para narrar recordé como un centellazo el texto del Aleph, de Jorge Luis Borges y le dije ¡Eres un Aleph!, pareció no escucharme, pero se afirmó.

 

Morelia, Michoacán, a 12 de septiembre, de 2020.- Fernando Ortiz Rojas, director escénico, se ha distinguido por presentar un discurso profundamente crítico y social que manifiesta la metáfora literaria como una realidad desde una mirada que especula e interroga. En esta ocación El Caleidoscopio, presenta parte de la semblanza de este ingenioso personaje, quién pronto estrenará una obra más en su acervo creativo y que será, seguramente deleite de quienes la admiremos.

 

Imaginario, audaz, creativo y despreocupado camina por las calles de Morelia, con su sombreo y sus particulares lentes de armazón rojo, Fernando Ortiz, hombre  de piel morena es  un monstro  de la directores escénica, (teatro, opera y cine) Sus montajes hablan de un artista   que se atreve a vivir y explorar lo común para volverlo extraordinario. Casi todo su trabajo teatral es independiente, su discurso  no está pensado para vender o para que las instituciones lo compren. Son por si mismos arte.

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Nacido en 1951, en la Ciudad de México, , tiene 49 años sobre las tablas y como él cuenta no abrevo desde siempre de ellas, pero si las ha preñado, ejemplo de esto son las cinco obras de teatro con las que ha representado a Michoacán en la Muestra Nacional de Teatro cuyos títulos han quedado registrados en la memoria de quienes nos hemos pasmado con estas historias: “Una tal Raymunda”, “El suplicio del placer”, “Comida para gatos”, “Macbeth” y “Todo de a dos” son quizás sus trabajos más representativos a nivel nacional, pero no por esta razón las más de 95 obras dirigidas por él, al menos en Michoacán tendrán menor valor estético “Pájaros”, adaptación del texto La Guerra tiene rostro de Mujer, de Svetrlana Alexievich, o  ¿Cuánto Cuesta el Hierro? de Bertolth Brech, son un claro ejemplo de lo aquí expuesto y de que aún se llenan los foros teatrales.

La tarde de uno de estos días, me encontré con Ortiz Rojas, en el Conservatorio de las Rosas, luego de beber agua, nos sentamos en unas silla de metal, de esas que ponen en las terrazas, ahí me contó cómo inició su quehacer en el arte y sin mucho esfuerzo por preguntar descubrí algo que yo intuía, pero que él no me  había confirmado, su profundo imaginario y esa fascinante capacidad de extasiarse por la vida.

Me inicié haciendo teatro en la Ciudad de México

“Tenía  18  años cuando  descubrí  circunstancialmente el teatro, Antes no había leído nada ni visto nada de teatro.  Vi, Cosas de Muchachos,  me parecía  horrible. Antes era pintor. Muchas tardes me quede viendo los ensayos de una obra que se llamaba Lupe, basada en la historia de Los hijos de la Familia Sánchez, de Oscar Lewis. Había un grupo de jóvenes que lo estaban montando, un día se peleaban porque no sabían cómo terminar la escena. Yo les dije que yo sabía  porque todos los días los veía y  tras discutir un rato aceptaron que los dirigiera. La obra se estrenó en Zacatenco, en el Teatro El Queso”.

“Una cosa que me ha guiado en mi vida –dijo pausado y certero-  como creador  es que mi maestro de pintura a la edad de 12 años, me llevó a coincidir con pintores, escritores, poetas. Él me dijo -¿Quieres pintar?, vamos los fines de semana a Chapultepec, fuimos y por fin me sentó, yo saqué mi lápiz y se fue a otro lado. Al regresar, me quito mi lápiz y me dijo –Mira- yo dije, ¿Psss, qué miro? Así pasaron varias sesiones y una tarde por fin le contesté,  maestro, las hojas de los árboles están de colores, azules, amarillas. Agarró mis cosas y me dijo: -¡Ya puedes empezar a pintar!- Aprendí  en ese tiempo y con mi maestro Julio Castillos que teníamos que aprender a mirar con todos los sentidos. Más tarde me dijo algo que me conectó con eso de mirar, -recuerdo- Al actor no le pidas algo, míralo y descubre qué tiene y entonces explota eso que tiene. Es un asunto de aprender a mirar.  Vivimos en una sociedad en la que traemos cual caballo tapados los ojos para no mirar. Mirar te compromete. Si no te quieres comprometer haces como que miras”.

Entonces, ahí sentada escuchaba su relato y tras ver como movía sus manos e incorporaba su cuerpo para narrar recordé como un centellazo el texto del Aleph, de Jorge Luis Borges y le dije ¡Eres un Aleph!, pareció no escucharme, pero se afirmó.

Pasé por varias  escuelas antes de titularme en la Universidad de Guadalajara, y esto, porque de no hacerlo no me dejaban dar clases en la universidad. Soy de la generación en que los artistas queríamos aprender y hacer cosas, no tanto los títulos”. Fernando Ortiz, “el Nego”, como lo llaman sus más allegados se formó con maestro de la talla de Hugo Arguelles, Julio Castillo, Ludwic Margules,  fue compañero de Mario Espinosa actual director de Centro Universitario de Teatro (CUT).

 

Me sucede algo en el sentido de creador

 

La trayectoria de Fernando Ortiz Rojas en el estado de Michoacán data de más de tres décadas, sus escenarios nunca serán lo mismo, uno siempre se sorprende con la capacidad de innovación que tiene La manera  en cómo se resuelve la obra, no es una receta. Es tratar de no repetir sino el buscar diferentes formas de abordar el teatro. Yo tengo 28 años de  dirigir opera, en términos escénicos.  He podido estrenar dos obras de este tipo en el Festival Cervantino que son La Ttentación de San Antonio, de Gustavo Flaubert, adaptación y música de Luis Jaime Cortés, a fíales de los 90;  y Luna que es un texto de Antonio Zúñiga, en el 2005 también musicalizada por Cortés”

“El poder establecer una comunicación entre el público y yo como creador y la inmediación de un actor o músico no importa la edad si es niño o anciano, – porque con todas las generaciones ha reconocido intérpretes de sus personajes. El premio Eréndira mismo que fuese entregado por el Estado de Michoacán, al emblemático director de teatro independiente y del Colectivo 60 mil-  da un reconocimiento a ese punto en que la comunicación se pudo dar. Soy de los directores que no me siento a planear años un proyecto, cuando empiezo a hablar con él es porque ya está caminando”.

Premio Eréndira 2019. Foto Facebook

“La creación está a la vuelta de la esquina como el amor. Cuando volteas, por ejemplo, en el terremoto del 85, al  caminar por las calles sorprendido y das vuelta en la esquina y ya no está el edificio, había un holló, un vacío terrible y cruel que tiene su estérica desgraciada o afortunadamente. Ahí estaban las imágenes de los grandes fotógrafos de desastres. De la misma manera cuando te paras frente a un paisaje: recuerdo cuando me paré en Real de Catorce a ver uno, para mí era la inmensidad. Es como cuando conoces el mar, -actos sublimes, pensé-, un cenit, que te enfrentan al arte. Puedes asustarte,  el arte no es una cosa bonita. Es como ver el Jardín de las delicias del Bosco y dices: ¿qué cosa?”

“Lo que siento es que mi cabeza nunca está tranquila. Siempre estoy imaginado. Mucha gente me reclama que soy medio mamón porque no los saludo en la calle y la verdad es que me pierdo. Voy  imaginando alguna escena teatral y  hasta musical porque casi siempre estoy montando algo. Eso me lleva un tiempo de mi vida. Una vez estaba montando El Suplicio del Placer, de Sabina Berman, hace algunos años con Roberto Briseño, César Ripoll, y otros más, me acuerdo que iba en la combi y alguien traía la música de Jan Garbarek  y en ese momento dije ¡Esa es la música que quiero poner…! Siempre  traigo las antenas puestas y algo pasa  y lo atrapo y eso sucede porque tengo los sentidos puestos en eso. Pienso que mi vida transcurre una buena parte en la imaginería; aunque también existe otra menor  parte  que es terrenal, pienso un poco en la supervivencia pues desde niño sabía que si no trabajaba no comía, cosa que sigue sucediendo actualmente”.

 

El imaginario tiene un precio

 

La constante de vivir en el imaginario origina siempre preguntarte si Fer, se hace a sí mismo, mientras me mira cómplice del instante “si lo que está pasando ya pasó o es un sueño, quizá lo estás imaginando. Yo siento que a veces es estar tan abierto como gozar de pronto el silencio”. -Me compartió, días antes de que lo galardonaran con el Premio Eréndira a las Artes (2019).

“El acto de imaginación es un acto de conectar lo que vives y el gran problema es que si no traes nada en  la cabeza no conectas nada e imaginas lo obvio, lo que está ahí, pero si tu cabeza está llena de música, poesía, literatura, danza, cine, de naturaleza, atardeceres, nubes, cielo, amor, placer, excesos, entonces … conectas. ¡Uno tiene que vivir con cierta pasión! – Luego de la euforia, de pronto, se quitó su sombrero se tocó su lustre calva y retiro el armazón rojo de sus ojos para mirarme con más privacidad – Eso tiene un precio. Yo lo he pagado con mis hijos, los  he dejado lejos de mí porque he estado en otro lado. Desgraciadamente me cayó tarde el 20. Pude estar en los dos lados y de repente, te caes. Eso pasa con todo.  En todo momento está. No se busca el amor porque ahí está. Eso pasa con el arte ahí está, en todo”.

Siempre me he dedicado además de los montajes a dar clases

En el Conservatorio de las Rosas daba clases  a primaria y secundaria, además de propedéutico y licenciatura. Además, he trabajado con los Niños Cantores de Morelia, una vez hicimos la “Opera del Rey Cuervo” con más de 120 niños en escena. En el Tecnológico de Monterrey trabajé “El Fantasma de la Opera” con un cuerpo de 120 jóvenes.  En Ciudad de México di clases para el Sindicato de la Universidad Nacional Autónoma de México. He dado clase en Instituto Michoacano de Ciencias en la Educación. Este magnífico creativo ha impartido clases en el Conservatorio de las Rosas, lo mismo que en la Facultad Popular de Bellas Artes de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

 

Planes

Foto facebook

No creo que nada cambia mi vida. Tengo en planes una producción para montar “El Rey Leard”, de William Shakespeare. Es una producción en los mismos términos que he venido trabajando. Además  quiero revisar, montar y hacer cortos tres  obras mías, una de ellas publicada por Silla Vacía, (2018) Bailamos. Hay una cosa que navega en mi cabeza y es un espectáculo lorquiano, que me parece es esplendoroso. Ahora soy  un gustoso del cine. Cuando me dijeron que mi texto servía para güin de cierto, dije ¡Vamos a hacerlo! – Por cierto, lo logró.