Cómo cambian las cosas

 

Madrid, España, a 31 de marzo de 2020
Eduardo Montes

Cómo cambian las cosas

Amaneció muy frío y lloviendo, peor que cuando era invierno, al abrir la ventana y ver el día gris exclamé ¡qué maravilla! El día perfecto para no salir de casa, cuatro grados, y parece que bajará más; hace días el tiempo estaba precioso, como pocas veces en Madrid, ni frío ni calor, días radiantes que lo único que causaban era un enojo, una rabia incontenible de no poder salir a disfrutarlos.

El encierro me hace pensar en amigos, en muchos que no veo ni cuando voy a México, tengo ganas de un café. Un café de esos que me recuerda a Caridad y su gusto por el café. Escucho música y al menor amaneramiento músical imagino la cara de la Maestra Chachis con cara de enojo, ya que la música no debe admitir esos arrebatos.

Eduardo Montes.

Algunos desayunos con el “negro” mi amigo y vecino Stan, y los viernes especialmente en aquellos días que nos juntábamos en el México, un café en Morelia con Sergio, muriéndonos de risa a la menor tontería, o de algunos inteligentes arrebatos de picardía que suele tener. Imagino la cara de irritación de Gerardo cuando digo una tontería, algo ridículo y se avergüenza como si fuera yo su papá, y me imagino a Mercedes diciéndole, tranquilo, no es tu papá.

El conservatorio y la Universidad, pasar por donde está la maestra Tey y con un simple “hola” nos decimos tantas cosas ¡lo que es la complicidad!

Me pregunto cuándo iré a México. Mi idea era en verano y aunque falta aún para Julio, lo veo como lejano. Contarnos algún chiste grosero con este maestro Alfredo. Los desayunos con Lázaro y algunas comidas con Yolanda, quien es a la que menos echo de menos ya que nos llamamos frecuentemente.
Sueño en la época de mis estudios en Leyes con todos los compañeros que son tan variopintos.

Conservatorio de las Rosas, en Morelia, Michoacán.

Las caminatas por Padre Lloreda, mi calle, y siempre inseguro de qué camino tomar para ir al centro, ya buscar el más corto por la prisa, o el que más se alargue el camino, así pasar por otras rutas y pasar rabietas con los cambios y destrozos que sufre desde hace años mi ciudad amada.
¡la familia! me refiero a la consanguínea, la más cercana y a mis hermanos a quienes llamo cuando se me ofrece algo, al sobrino que veo con más frecuencia y sentir cercanos a los que pocas veces veo.

De pronto me pregunto si todo acabó ya, si estoy en el purgatorio en donde el tiempo no existe es largo, pero de pronto un dolor en la rodilla, la lluvia, una llamada me dice que estamos, mis recuerdos se agolpan se revuelven, se confunden porque hoy no sé a veces ni que día es ni me importa la hora.

Desperté “tocando el piano” ¡como si aun pudiera y a veces dando clases.

Creo que todos estamos pasando por lo mismo