El talento narrativo de Ramón Guzmán Ramos

 

 

Gaspar Aguilera Díaz

 

Yo hablo del amor en el sentido más alto de la palabra.
La redignificación del hombre,
la desenajenación del pro- pio ser humano.

 José Revueltas

I

Conocí a Ramón Guzmán Ramos en los años setenta, tuve la suerte y el honor de formar parte de un numeroso grupo de amigos que lo querían y respetaban por su trabajo siempre profesional, comprometido como docente, por su entusiasmo y su pasión por la literatura. Lo recordamos también como periodista crítico, creativo, congruente, en los diarios Cambio de Michoacán y La Opinión de Michoacán, entre otros medios. Tuve también la fortuna de colaborar con él en la revisión de algunos de sus originales de poesía y de narrativa que después aparecieron como libros.

 

Siempre le preocupó la situación indiferente y la falta de visión a largo plazo de las dependencias culturales oficiales y la falta de un mayor apoyo a los artistas. Fue animador durante varios años del grupo cultural y taller literario Ambrosía, posteriormente llamado Luvina, en la ciudad de Uruapan, junto con otros compañeros escritores como Saúl Martínez, Lenin Guerrero, Jorge Reyes, Alejandro Orobio y Armando Salgado, entre otros compañeros. En 1998 fue acreedor del importante premio de poesía Efraín Huerta, por su libro Trilogía Herética, recientemente reeditado por la editorial independiente Silla vacía (2017).

 

El 17 de diciembre de 2018 nos abandonó físicamente y ha sido inevitable de nuevo la sensación de orfandad y la profunda tristeza de no poder continuar intercambiando el diálogo sobre literatura, la política y los laberintos de la vida cotidiana.

II

 

Utilizando los recursos que a lo largo de su corta vida pudo desarrollar tanto en los libros de prosa, poesía y ensayo, el escritor originario de Zacapu logra en “Volver a tus ojos” ofrecerle al lector un prisma intenso y apasionado de las distintas anécdotas que nos va narrando y de los diferentes personajes que va reconstruyendo a través de su narrativa.

Es importante destacar el talento y la sabiduría literaria que Ramón Guzmán supo desplegar a lo largo de su obra publicada, es decir, que es admirable la objetividad y elocuencia de sus ensayos y de sus artículos como la intensidad y sugerencia ejemplares en cada uno de sus poemarios, particularmente en Trilogía Herética, y de igual forma sorprende el despliegue de personajes hieráticos que lo hacen a uno recordar a los hombres y mujeres que aparecen (por ejemplo) en la narrativa de José Revueltas (Los muros de agua y Dormir en tierra), que parecieran abandonados de toda justicia humana y divina, en donde Ramón Guzmán (a partir de la recreación de los mitos bíblicos) desarrolla sus historias de una manera admirable. El contraste profundo entre el bien, el mal y esa especie de pérdida de la pureza original muestra a sus personajes desgarrados y fuera de toda conmiseración social.

 

La miseria humana en todos sus aspectos y lamentables cualidades van apareciendo en todos y cada uno de los personajes creados por este escritor michoacano. Encontramos hallazgos con respecto al concepto del amor verdadero como el siguiente:

 

El amor no es la ventana que la doncella anhela para su casa, para los aposentos de su espíritu atribula- do. El alimento del amor es la libertad (24).

 

[…]

 

Uno no sabe cómo hablar del amor, sobre todo cuando algo nos convence de que estamos enamorados. Pienso que no se trata de hacer del amor el objeto del lenguaje, de nuestro lenguaje, tan limitado como la intención de sobrevolar los dominios de la muerte con alas de paja y humo. Habría que dejar que el amor nos muestre su modo de expresar la fuerza con que establece la cohesión y también el quebranto entre las cosas. Que lo haga por sí mismo, volviendo a recorrer la senda del tiempo desde el origen, desde aquel punto infinitesimal en que la dispersión quedaría marcada por la búsqueda y el reencuentro (25).

 

La sensualidad y el erotismo desde luego que aparecen resueltos de una manera admirable:

 

[…] entre el movimiento de fuga y la fuerza que surge de la nostalgia se crea un punto de equilibrio. Es en este punto donde los cuerpos se encuentran sin entrar en colisión, donde la materia se hace una sin perder identidades particulares, donde se crea el aire para que dos almas lo respiren y mantengan en zozobra y postergada a la muerte. Tarde nos daríamos cuenta que eso del amor nuevo simplemente no existe (27).

 

La nostalgia y las sensaciones de un primer amor apasionado aquí dejan su constancia:

Tenía sed de ti, de tu piel oscura, vestida de llamas in- visibles; de tus ojos grandes, almendrados con ese destello de tristeza discreta que no te abandonaba. Te llevaba de la mano por la acera angosta de las calles olvidadas. Ibas con tu silencio atado a mi silencio. No nos veíamos porque temíamos que algo pudiera provo- car el desastre, que la noche se recogiera y nos dejara a mitad del deseo. El lecho olía a desamparo, a soledad acumulada. Sólo las paredes daban cuenta de la expulsión del sueño, del retorno al engaño y las visitas del fantasma. No sabía rezar, no iluminaba mi ánimo la esperanza rota de la oración. Siempre creí que la mayor tragedia de la historia había sido el abandono que el Padre hizo de su hijo en la cruz, el silencio como respuesta a la pregunta que quedó flotando en el vapor de la tarde, la prueba que se comprueba con la muer- te, con el sacrificio sagrado (28-29).

[…]

 

Ingresar al territorio de tu piel, a las avenidas y calle- jones oscuros de tu cuerpo, a la plaza en plenitud que despliega tu ser, con esos bordes que dejan al descubierto las entrañas enrojecidas de tus sueños, ha sido desde el principio un desafío montado en la zozobra. No he sabido en qué condiciones nos dejará el desenlace. La aventura, que se repite cada noche bajo los ojos ciegos de la Luna, sobre el vapor silencioso de la tierra, en las inmediaciones de esta selva que desata su violencia sobre sus habitantes exangües, sigue su curso en cada irrupción. Somos como dos piedras de fuego expulsadas del volcán que se encuentran cuesta abajo en la montaña y luchan con denuedo para volverse una y no dejar de ser. O como las miradas que por fin se clavan una en la otra en medio de la muchedumbre y se penetran mutuamente ante la insólita, inmoral, indiferencia de los otros (33).

 

III

“Volver a tus ojos” concluye con relatos breves que reflejan la vida cotidiana y algunos aspectos dramáticos y autobiográficos de la experiencia académica de este autor zacapense-uruapense, como Anselmo San Martín, así como la recreación de los primeros y nostálgicos encuentros amorosos.

 

Toda esta narrativa escrita y sustentada con base en un altísimo nivel del estilo literario de Guzmán Ramos y bajo una claridad, precisión y calidad de un lenguaje poético admirable: no dudamos en confirmar que Volver a tus ojos perdurará como uno de los mejores libros de la narrativa mexicana contemporánea.