Bagatela

Era un día cualquiera 

Eduardo Montes 

 

Llegué al Rincón, conocido bar al que le dicen “La Cruz Blanca” debido a la marca de cerveza que se vende ahí.

Entré y vi a Carmen, la saludé con los dos besos que se dan en España y también a su amiga Pepa, y ya no volví a besarlas, no sé si lo haré nuevamente, nos sentamos en la barra, Carmen que está por encima de los noventa años de edad, no se sienta en una mesa ni de broma, le gusta sentarse en la barra, a las nueve de la noche está en el ritual de saludar a los amigos, de ver por encima del hombro a los envidiosos. Se sienta en el extremo izquierdo de la barra en una banqueta; banco alto relativamente cómodo, pero no como para una mujer de su edad, pero ¿Acaso Carmen tiene Edad? En verdad es la más juvenil de todos los parroquianos.

Carmen Foto Facebook Eduardo Montes

Hace años la conocí de vista y los amigos nos preguntábamos quien es esta mujer que va peinada con un estilo antiguo y perfectamente emperifollada,  en invierno con abrigo de visón sí uno que seguramente adquirió hace muchos años, en primavera, con pantalones oscuros a a veces alguna camisa estampada de flores, unas perlas a veces, otras un prendedor con tres esmeraldas que salta a la vista que son reales, rodeadas de brillantes.
A sus más de noventa años cuando el clima lo permite lleva algo que le haga lucir las piernas, unas piernas de mujer joven, sin una sola vena saltada sin una mancha y si el clima es templado unas medias de red, de esas que parecen encajes o que están tejidos pequeños rombos, sí, Carmen sabe que luce y hace todo por lucir, ahora si que como se dice aquí ¡primero muerta que pelandruzca! Carmen es coqueta y lo acepta con una sonrisa.

Por las mañanas después de desayunar se encuentra con una amiga y va a al Rincón a tomar un café con algunas pastas, después se va a pasear caminando por el Barrio de las Letras, antes de la hora de la comida regresa al bar y se toma el aperitivo, en su caso una copa de vino tinto y si hace calor blanco, cruza a comprar la lotería, que ya se ha ganado algún premio importante, se va a comer a casa, y tres veces a la semana en algún restaurante con alguna de sus amigas o amigos, de ahí se va a su casa y hace la siesta, ve noticias por que siempre está muy bien informada, por la noche vuelve al bar y se toma una copa de gin tónic siempre acompañadlo a su copa con una sonrisa. El asiento de Carmen es como un trono, es como si por derecho se hubiese convertido en la reina del Rincón (La Cruz Blanca)

Como la curiosidad por saber quien era esa llamativa mujer un día “así como de casualidad me senté junto a ella” y ni tardo ni perezoso le dije; “Señora que guapa es usted” me dijo que ese día hacia como cuarenta años que su marido había muerto. Vi la oportunidad de sacarle la edad “qué ¿se caso a los diez años? Y orgullosa me dijo que tenía ochenta y siete, de esto hace cinco o más años.

Después de aquel “ultimo beso” volví a verla y nos saludamos nos abrazamos de lejos a dos metros con el ademan de abrazarnos a nosotros mismos. charlamos de muchas cosas, de sus padres de la Guerra Civil, de su recién nacido bisnieto y nos dijimos nos vemos el próximo lunes.

Madrid fue afectado este soponcio mundial y se cerró todo, la ciudad se durmió, Madrid, mi ciudad adoptiva, la más alegre y bulliciosa de cuantas conozco se apagó, todo se calló, acaso los aplausos de las ocho de la noche nos recuerdan a aquel palpitar, muchos ancianos han muerto desgraciadamente, hay que recordar que España es el segundo país con más longevidad y esta desgracia ataca a los mayores.
Hoy Carmen la de las medias con perlas, las zapatillas a veces con lentejuelas, sí porque Carmen se escapa de la vejez porque como dije no tiene edad aunque pase de nueve décadas, todos los días la llamo o me llama por teléfono, no es porque sea senil es de las personas a las que les cuesta recordarlos nombres así que soy el “amigo” y como apellido “mexicano”, me pregunta por mis amigos, me dice que habló con Pepa o con Rosie y me da razón de como están.

A veces recordamos a “amigos” también soy malo para recordar nombres y hablamos del “Tengo Tengo” un sujeto que nos muestra su reloj y dice que tiene otros veinte iguales en su casa, nos enseña su camisa que por cierto no es para presumir, el tío es rico y nos dice como esta camisa tengo otras cien en casa, de ahí el nombre Tengo y el apellido Tengo, claro ese es nuestro secreto.
De pronto me dice “ay hijo, que duro es este encierro” y me cuenta que caminó por todas las habitaciones de la casa de su hija, que echa de menos su casa en donde vive sola y a sus anchas, la vitalidad de Carmen es ejemplar, ya que es una persona que todos los días teje su vida y la acaricia, la bebe con gusto, para deleitarse de vida intensamente, ya hacemos planes del reencuentro aunque no sabemos cuando será y me dice sabiamente, todo cambiará y nos daremos los dos besos de saludo y los otros dos de despedida y el abrazo abrazándonos a dos metros pero unidos por la amistad.

De la manera que echo de menos a Carmen me sucede lo mismo con mi amiga Alejandra y con Inés que es un personaje de novela, el “Tengo Tengo” me da lo mismo, así como el Rostizado uno que se mete a esas maquinas como para tomar sol y que da la impresión que se estuvo horas en la playa y de ahí el Rostizado, así que como ven Carmen y yo podemos ser cómplices maliciosos y nos divertimos mucho.

Mañana será otro día y volveremos a ponernos al tanto y suspiraremos por la calle, las calles de Madrid.

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