• Eros, la exposición fotográfica, que resguarda la Galería 5 X 7, en el edificio de Morelia Patrimonio de la Humanidad, cuenta con  27 fotografías pertenecientes a 10 creativos de la ciudad. Además de enriquecerse con 7 esculturas de los artistas visuales José Santos Mójica y Fráncisco Méndez Ibarra.

 

La exposición se inauguró el pasdo 19 de marzo y tendrá permanencia el periodo de contingencia sanitaria, mientras podrá visitarse de manera virtual en el muro de  la nombrada galería, https://www.facebook.com/DEMA5X7/ y próximamente estará listo el catálogo digital para su venta,  al pasar la cuarentena por COVID 19. El texto curatorial se ha transcrito de forma integra y pertenece al poeta Gaspar Aguilera Díaz.

Voy por tu cuerpo como por el mundo,
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
en dos mitades de color durazno,
un paraje de sal, rocas y pájaro
bajo la ley del mediodía absorto.
OCTAVIO PAZ

EL INFINITO CUERPO DEL DESEO

Gaspar Aguilera 

Desde los más antiguos ritos que registra la historia, el erotismo ha estado presente como una de las fuerzas o elementos fundamentales en la vida del hombre, propiciando además –de muchas maneras- una cierta coherencia en el Cosmos, aún y cuando, paradójicamente, para algunos filósofos como Platón, Eros constituía… un impulso perpetuamente insatisfecho e inquieto”…

Reconocido Eros como el señalado impulso que se sobrepone al sexo y a la reproducción, el propio Octavio Paz puntualiza estas diferencias: “En la sexualidad, el placer sirve a la procreación; en los rituales eróticos el placer es un fin en sí mismo o tiene fines distintos a la reproducción. (…) Ante todo, el erotismo es exclusivamente humano: es sexualidad socializada y transfigurada por la imaginación y la voluntad de los hombres.

Teniendo como misión más la dilatación y la intensidad del placer, que la reproducción de la especie, este acto de comunión universal –pero siempre individual y único en cada pareja-, en la literatura y la poesía ha dejado su impronta interminable: Gilgamesh, El cantar de los Cantares, Tristán e Isolda, las obras de Catulo, Ovidio, Petronio, Safo de Lesbos, Guillermo IX de Aquitania, Ibn Hazm, Dante, Stendhal, André Guide, Bretón, Shakespeare, James Joyce, Apollinaire, Henry Miller, Anais Nin, Cortázar, por señalar sólo a algunos.

Fotografía Lupita Reyes.

Ante la visión contemporánea y desprejuiciada de que la vida es más disfrutable aprovechando los productos culturales altamente refinados como el arte, el erotismo o la gastronomía, como lo señala Enrique López Aguilar, con frecuencia se siguen confundiendo erotismo y sexualidad con degeneración, bestialidad, perversión, pornografía, proxenetismo, sicalipsis o victoria del cuerpo sobre el alma.

Aquí es importante rescatar la visión puntual y lúcida de Octavio Paz, cuando define lo que de imaginación, plenitud, fascinación y trascendencia tiene el erotismo: El erotismo es imaginario: es un disparo de la imaginación frente al mundo exterior. (…) Creación, invención: nada menos real que este cuerpo que imagino; nada menos real que este cuerpo que toco y se desmorona en un montón de sal o se desvanece en una columna de humo. Con ese humo mi deseo inventará otro cuerpo. El erotismo es la experiencia de la vida plena puesto que se nos aparece como un todo palpable y en el que penetramos también como una totalidad; al mismo tiempo, es la vida vacía, que se mira a sí misma, que se representa. Imita, y se inventa; inventa, y se imita. (…) Más allá de ti, más allá de mí, por el cuerpo, en el cuerpo, más allá del cuerpo, queremos ver algo. Ese algo es la fascinación erótica, lo que me saca de mí y me lleva a ti: lo que me hace ir más allá de ti. No sabemos a ciencia cierta lo que es, excepto que es algo más. Más que la historia, más que el sexo, más que la vida, más que la muerte.


El Infinito cuerpo del deseo se convierte en la diáspora de la pasión amorosa cuyo centro es cada poro y cada milímetro de alma y caricia. En ese acto que según Paz mucho tiene de egoísmo y desprendimiento, el amante se encuentra y se descubre auténtico y verdadero en el otro, el deseo es el lenguaje totalizador y totalizante, cada sentido justifica gloriosamente su razón de ser sobre la piel del otro: la geografía palpitante que irá recorriendo no sin sobresaltos, irá transformándose en el ritual que irá fijando en la piel y el corazón del cuerpo, cicatrices, señales o huellas indelebles que se abrirán después en cada tocamiento…

El deseo tiene una sed de infinito insaciable y, al mismo tiempo, sabe muy bien que en su propia posesión está su término. Dice Cherubino –el personaje de Mozart: “…el deseo es tan indeterminado y el objeto correspondiente tan poco perfilado que ambos, el deseo y lo deseado, vienen a confundirse andróginamente. Algo así como en la vida de los vegetales, en los que ambos sexos se encuentran unidos en la misma flor”.
El deseo es el fenómeno de la pasión, y ésta puede desatarse innumerables veces buscando hallar, aún cuando sea por un instante, el objeto que verdaderamente acepte y reconstruya ese deseo que busca realizarse en el otro.

Foto. Alex Guerra

La inaplazable necesidad de verdad y de reconocimiento que el cuerpo humano tiene, sólo se cumplirá en la cercanía y el abrazo que le descubra otro temblor y le despoje a él de su perpetua máscara: en la piel y el cuerpo está nuestro mejor y más elocuente lenguaje, y en el erotismo nuestra verdadera máscara. La fragmentariedad de mi universo, la recupero con creces en la reconstrucción –mediante la caricia- del universo del otro. Yo logro estar dentro del otro y, al mismo tiempo, el otro me habita y me penetra consolidando nuestra propia identidad íntima y secreta.

Los cuerpos, son las mejores ventanas hacia la imaginación: la caricia inicial descubre e inventa –con la memoria de la piel como aliada- los lenguajes tibios que se habían olvidado o se habían extinguido o agotado en otros fuegos.


Cuando Constantin Cavafis recuerda: “…los deseos / que por ti brillaron en los ojos…”, rememora todo lo que el deseo manifestó también en la mirada: el cuerpo que se amó, primero fue tocado por los ojos: tacto irreductible y tatuaje silencioso que fundó el inicio de la ceremonia: si las manos son capaces de fundar y reconstruir un cuerpo, los ojos le confieren la certeza de existencia a cada abrazo.

El deseante y el deseado –con sus máscaras intercambiables de el amo y el esclavo-, emprenderán su viaje sin hallar puerto seguro, la bitácora más fiel será su cercanía, el sextante del deseo les marcará los rumbos infinitos, la cartografía salvadora de sus cuerpos se irá impregnando de húmedas señales que con cinismo y pasión inconfesado se irán consumiendo sin dejar rastros de nostalgia.

Y hay otro amor, que no oculta su nombre, al reconocerse bajo ocultos designios…}

Creativos de la exposición.

 

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