Gravidez del alma, antología poética de María de Jesús Magallón Pérez

Por Jesús Villaseñor Magallón

 

Apuntes biográficos de la autora

 

Nace durante el México post-revolucionario en un pueblo michoacano destinado a ser epicentro de acontecimientos que marcarán, hasta pasada la primera mitad del s. XX, la vida nacional. El barrio de San Cayetano en Jiquilpan, donde nació el 24 de marzo de 1924, ha sido un lugar de gente trabajadora, particularmente artesanos tejedores de sarapes y rebozos, actividad que envolvió sus primeros años de vida. Nuestra autora literal- mente nació al pie de un telar de rebozos, de uno de los cuartos de la casa número 24 de la calle Bravo que su padre Alejandro había recibido con motivo de su casamiento.

 

La vida en Jiquilpan estaba marcada por el trabajo y el cumplimiento de los preceptos religiosos mañana, tarde y noche. La profunda religiosidad del entorno en el que se crió marcará decisivamente su carácter y, de manera impensada, sacarán del seno familiar a María de Jesús al cumplir sus primeros 10 años. A contrapelo de las crisis económicas que arrastraron a me- dio mundo durante la Gran Depresión, el taller de rebocería de su padre había prosperado, llegando a emplear hasta 300 trabajadores en un entorno en donde lo que más faltaba eran puestos laborales. En uno de sus viajes de negocios, estando en el centro de Guadalajara, su padre escuchó el discurso del 20 de julio de 1934 que ha pasado a la historia como “El Grito de Guadalajara”, de Plutarco Elías Calles, en el que se decretaba la educación socialista como uno de los ejes políticos de su proyecto de Nación. Este acontecimiento tendría importantes consecuencias en la vida inmediata de la niña María de Jesús.

 

Fotos cortesías

Por esas fechas, un joven Lázaro Cárdenas iniciaba su periplo como candidato del PNR a la presidencia de la República, consolidando un grupo de operación política encabezado por sus hermanos Dámaso y Alberto, quienes se apoyaron en operadores locales, encargados de poner en marcha el proyecto de sus jefes. Como resultado, el padre de nuestra literata en ciernes fue a dar a la cárcel local en donde permaneció preso varios días al haberse negado a enviar a sus hijas a la “escuela socialista”. Fue rescatado gracias a la presión ejercida por los trabajadores, interesados en reabrir su fuente de trabajo.

 

Después de esta experiencia, sin claudicar de sus convicciones y aconsejado por el cura del pueblo, don Alejandro decide enviar a sus dos hijas mayores (María de Jesús y María) al colegio guadalupano de Jacona, que disimuladamente seguía ofreciendo los servicios de educación. Ahí llegaron las hermanas Magallón como internas, a un lugar que tiempo después la pondría bajo la influencia formativa de los hermanos Gabriel y Alfonso Méndez Plancarte, a quienes reconocían como maestros y padres.

 

Del colegio jaconense pasa a Zamora en donde concluye sus estudios primarios en diciembre de 1937. Su formación secundaria la cursa en el colegio Anáhuac de Morelia, a donde llega a principios de 1938, dejando a sus hermanos en el internado zamorano. En octubre de ese año se traslada a Jiquilpan con motivo de la súbita enfermedad de su madre, quien fallece en pocos días. La experiencia de ver morir a su madre a la edad temprana de 14 años la marcará profundamente y abrirá una temática pre- monitoria en su obra literaria. En la capital michoacana había ingresado como religiosa en la orden guadalupana, trasladándose después a la ciudad de Querétaro, al mismo tiempo que daba sus primeros pasos como docente, faceta que la acompañó por el resto de su vida.

 

Hacia finales de los 40 se traslada a Monterrey. Se integra en el Colegio Labastida, instituto en el que innova en la práctica docente, siempre bajo la tutela de los hermanos Méndez Plancarte. Naturalmente, los años pasados como religiosa habrían de acentuar la vena mística de su poesía.

 

A partir de su estancia en Monterrey, la vida de nuestra protagonista transcurre entre la capital norteña, Morelia y la ciudad de México, alternando la vida religiosa con las tareas educativas propias de la orden. Concluye su carrera normalista en el Instituto Morelos de la capital del país, presentando por tesis un trabajo titulado Valor educativo del lenguaje (1952) en el que explora con intuición de poeta algunas facetas propias de la programación neurolingüística como herramienta pedagógica.

 

Durante este periodo de estancias en diversas partes del país se abre a una vida de influencias en su quehacer literario; paulatinamente se aparta de la vida religiosa, si bien la raíz mística siempre estuvo presente en su obra.

 

En la etapa final de su estancia en la ciudad de México, hacia finales de 1953, ya tenía reunido el material para dos publicaciones: Silbo y lunas (que no salió a la luz), cuyas primicias (textos por ahora extraviados) presenta en el Ateneo Español, en donde conoce a escritores del exilio como Simón Otaola1* e Isidoro Enríquez Calleja; éste le prologará su trabajo Cuadernillo Poético (agosto de 1953), el cual constituye la primera edición de sus poemas.

 

* En la dedicatoria de su libro (La Librería de Arana, Editorial Aquellarre, México, 1952), Otaola escribe: “A María de Jesús […] autora de Silbo y lunas, de cuyas primicias aún el alma se siente conmovida”. Firma Otaola, México, D. F. Nvbre. (sic) 1953. De regreso al terruño, se integra a la vida cultural de la localidad; participa en el círculo literario que con el tiempo adoptaría el nombre Diego José Abad, así como la Asociación Propulsora del Arte (APA) de la vecina ciudad de Sahuayo.

 

Cabe mencionar una nota personal fechada en abril de 1954 de su “Amigo y Maestro” Alfonso Méndez Plancarte, de donde se desprende que nuestra autora somete a revisión dos poemas: “Apriétame a tus Huellas” y “Pasión”, trabajos (extraviados) de presunto carácter místico, vena que cultivó su quehacer hasta sus últimos días. Por este y otros testimonios podemos deducir que una parte de la obra de nuestra autora se encuentra en ar- chivos epistolares, muy probablemente en el legado de los hermanos Méndez Plancarte.

 

Durante el breve periodo en Jiquilpan (1953-56), se acelera su actividad creadora que culmina en dos de sus trabajos más acabados: Raíz del llanto (editado en 1955) y “Ciclo de Navidad”, ambos laureados en contiendas literarias de la época. Estos trabajos presentan una clara evolución de su vena poética que pasa del intenso misticismo de Raíz del llanto a una visión más humanizada en el “Ciclo de Navidad”.

 

Se casa en 1956 con Roberto Villaseñor, paisano suyo y compañero de andanzas literarias, con quien emprende una aventura educativa que los lleva a la ciudad de Morelia, en donde forma parte de la intelectualidad de la ciudad. Después de su breve estancia en la capital michoacana van a fundar la escuela secundaria “José María Morelos”, en Apatzingán, en donde dejaron una profunda huella que todavía perdura entre quienes fueron sus alumnos.

 

Sobre el rescate de la obra

 

El grueso del trabajo que se conserva de María Magallón, nombre poético que adoptó, corresponde a su producción jiquilpense entre finales de 1953 y 1957, año en que murió el 19 de diciembre al dar a luz a su hijo en su pueblo natal.

 

A partir de la sucinta referencia de su vida podemos esbozar algunos apuntes que inciden sobre el trabajo que ahora se presenta, básicamente una recopilación hecha por su viudo, Roberto Villaseñor. Fue una labor paciente y amorosa durante años en los que dedicaba vacaciones y tiempo libre a rebuscar entre los rincones de la casa paterna de la poeta donde se criaba su hijo en Jiquilpan.

 

Producto de esta labor pudo conformar un archivo de manuscritos originales plasmados en hojas sueltas que integraron una carpeta, que junto con su correspondencia personal constituyó un íntimo tesoro personal. Su lectura recurrente per- meó indudablemente en un espíritu sensible, así como en su producción artística, en espera de darse a conocer. Tuvo la diligencia y buen tino de realizar transcripciones mecanográficas del archivo compilado, mismas que compartió con amistades y familiares más allegados.

 

La tragedia se cebó una vez más en el “Pajarillo viudo”, quien quedó atrapado en el colapso del edificio Nuevo León en Tlatelolco durante los duros acontecimientos del 19 de septiembre de 1985. Con él se perdieron, además de los manuscritos de su “Chata”, el archivo personal compuesto por versos, carica- turas, calaveras, fotos y algunos textos inéditos entre los que se barruntaban los prolegómenos del rescate de la obra que ahora nos ocupa.

 

Apuntes sobre la evolución de su trabajo

 

Ante todo, cabe destacar su propia naturaleza, dotada de una sensibilidad e imaginación desbordantes que atemperada por la disciplina propia de la vida comunitaria, se refleja en una obra dispersa en textos sueltos (los cuales habrá que seguir bus- cando), pero también en una parquedad derivada de los tiempos arrancados durante los años en que vivió (como): un alma de tu Amor ya cautivada.

Fue en la etapa final de su vida religiosa que la simiente sembrada durante esta vida de barbecho fructificó en obras sintéticas en las que afloró de manera más estructurada su vena literaria y poética. El primero de sus textos que pasó por la imprenta fue el ya referido Valor educativo del lenguaje, su tesis para obtener el título como profesora de primaria.

Del Silbo y lunas, cuyo contenido sólo podemos conjeturar a partir de fragmentos de algunos textos incluidos en la presen- te edición: “Metamorfosis”, “Por las calles” y “Deja el laurel”. Nuestra interpretación personal es que al asomarse la autora a la vida civil, las Lunas que la acompañaron durante su etapa formativa las veía humanizarse atraídas por sonidos (silbos), algunos estridentes, otros encarnados en humanidades doloridas: “Al niño violinista”, “A Juana…”, “Al niño de nadie” (por ahora extraviado), que paulatinamente fueron orientando su trabajo hacia temas profanos en donde los múltiples paisajes michoacanos cobraban nueva vida, alimentando su imaginación y mitigando su sed por comprenderlo todo.

 

Durante los tres años pasados en Jiquilpan solía escaparse al panteón, con la complicidad de su hermana menor, Guadalupe (“Lupilla”) a escribir en hojas sueltas lo que brotaba de su inspiración. De acuerdo al testimonio de su hermana, varios de estos poemas fueron compartidos vía epistolar con diversos personajes de la cultura de su tiempo, algunos de los cuales fueron a visitarla en su pueblo natal.

 

Producto de estas vivencias nace la que consideramos su ter- cera obra sintética, “Ciclo de Navidad”, que recupera en forma de verso las experiencias con los vecinos de su cuadra, quienes aún recuerdan cómo se organizaban para realizar un verdadero ciclo navideño, de donde tomó imágenes que, transformadas en metáforas, denotan una evolución de su vena mística hacia una encarnación congruente con su visión humanística. Este trabajo fue presentado en los Juegos Florales de Lagos de Moreno en 1956, en donde obtuvo la Flor de Lis.

 

Podemos decir que ante todo nuestra autora siempre tuvo un gran respeto por la Palabra, especialmente la palabra escrita y más aún la palabra impresa, por lo cual sometía su trabajo a la consideración de personas y personajes con quienes ella tuviera abierta una vía de comunicación que nutriera su experiencia.

 

Notas a la presente edición

 

Después de la trágica muerte de su esposo, se asumió como pérdida difícilmente reparable el material literario de María de Jesús y catastrófica en cuanto a sus manuscritos originales. De los escombros se rescataron algunas fotos, libros y documentos diversos, pero ni rastro de los manuscritos que tanto atesoraba su “Pajarillo viudo”.

 

Fue alrededor del año 1996 que, haciendo labores de reparación en la casa paterna, en el fondo de un armario ¡apareció uno de los legajos manuscritos de la obra que dábamos por perdida! Sólo fue de lamentar los daños que volvieron ilegibles partes de algunos poemas, algunos títulos que se esfumaron y otros a los que se propuso título hipotético, amén de algún renglón perdido de un verso.

 

A partir de entonces, copias del manuscrito han pasado de mano en mano (buenas manos, excelentes manos) con el propósito de estudiar el trabajo de la “rara mística de Jiquilpan”, como la llamó Otaola. Han pasado 23 años desde que se recuperó el legajo con el grueso de sus poemas y diversas circunstancias afortunadas nos permiten saldar (en espera que no sea demasiado tarde) la deuda con su legado y el rescate de su memoria.

El trabajo que ahora presentamos se estructuró pensando en la evolución que de acuerdo a nuestro análisis tuvo la obra de la autora: una primera sección, Poemas místicos, que inicia con “Yo Esperaré”, poema de su etapa de monja, incluido en su Cuadernillo Poético. Le sigue una docena de poemas hasta culminar en Raíz del llanto, ya mencionada como uno de sus textos más acabados.

 

La segunda sección, Poemas amorosos, hace referencia a la temática que vertebra su obra entera. “El Amor” discurre sutil- mente por una línea en la que transita con fluidez desde la visión sublimada del Amor místico hacia el amor humanizado, fruto de una exquisita sensibilidad que le permitió asomarse al abismo de lo infinito para contemplar con pasmo y azoro la Gravidez del Alma…

 

La tercera sección, Poemas de paisajes michoacanos y de la vida cotidiana, es una colección de viñetas construidas metafóricamente, producto de la contemplación amorosa de paisajes y personajes que cautivaron las miradas de su vida cotidiana. Cierra esta sección el “Ciclo de Navidad” en donde se aprecia el carácter premonitorio, recurrente en su poesía: “¡Ay que el invierno se acerca / con su garrote de escarcha! / ¡Ay el Astro

 

de mi vida / vuelto pequeña piñata!” (121); estrofa con la que parece presentir el fin de su vida, más aún la forma de morir en un acto de entrega total, rota al dar a luz a su amor encarnado.

 

Valor educativo del lenguaje, texto ya comentado, cierra la presente edición. Permítasenos agregar que además de las aportaciones a la didáctica de la época, en este trabajo pone de manifiesto su compromiso social como educadora, que deja plasmado en aquellos versos: “Renueva tus huaraches, campesino, / que hemos de hollar jornadas y jornadas… / hasta que resplandezca en el camino / el surco que de amor ayer soñabas” (95). O en su experiencia como aquella: “Maestra michoacana [que] en una Escuela Rural del estado de Nuevo León, practicaba con feliz éxito la técnica del pequeño escritor” (174).

 

Palabras finales

Presentar la obra de mi madre ha sido una experiencia catártica y por momentos estremecedora, al verme reflejado de múltiples maneras a lo largo de los textos, algunos que por ahora sólo habitan en mi memoria. Durante años atesoré un legado íntimo que ahora comparto, no por un acto de egoísmo calculado. Siempre estuvo en mi mente la idea de que su trabajo tenía la calidad suficiente para salvarse a sí mismo. Me sostuvo la convicción de que cualquier precipitación por llevar a la imprenta los textos recuperados, sería en menoscabo de su memoria: el tiempo y los lectores tendrán la última palabra.

 

La búsqueda de un crítico que estudiara con rigor y detenimiento su trabajo inició desde el primer momento en que tuvimos a mano el material que hoy sale a la luz. Agradezco y reconozco el apoyo, consejos y acompañamiento de Álvaro Ochoa, quien fue la luz a través de la cual ha podido culminarse este proyecto bajo la guía inestimable y lúcida de Gaspar Aguilera. De manera especial va mi gratitud y afecto a la Sra. Blanca Maciel de Morfín, quien ha mantenido vivos y actuantes su recuerdo y afectos más íntimos de las horas compartidas con su maestra en el colegio Labastida de Monterrey; venturosas circunstancias se confabularon para poner en marcha la presente edición. A la Dra. Guadalupe Prado Flores, alumna también de mi madre en el colegio Plancarte de Morelia, de quien he recibido el regalo de las bellas palabras que aparecen en la contraportada.

 

A Lulú Villanueva, cómplice desde el principio de estas andanzas y a mi familia: Paloma, mi esposa; mis hijas Paloma, Alejandra y Mariana, en quienes veo vibrar los genes de las generaciones que les precedieron, esperando que este trabajo pueda ser la llave para interiorizar en el espíritu que comparten. Termino con la íntima convicción de que este esfuerzo pueda ser continuado por una pluma más competente, interesada en completar el rescate y estudio de la obra que ahora tienes en tus manos.

Jiquilpan, Verano de 2019

 

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