Hay teatro en Michoacán  

 

Por Silla Vacía Editorial

  • Lo que ofrecemos a continuación, es un fragmento, el inicio para se más precisos, del estudio realizado por Omar Arriaga Garcés en torno a la historia del teatro en Michoacán. Se trata de un amplio texto que antecede a las obras escogidas para el libro “Posibles dioses. Antología de teatro michoacano contemporáneo”, que podrán conseguir en la librería de Silla vacía Editorial (Miguel Cabrera 88 a, entre Fernández de Córdova y Fray Antonio de Margil).

 

Apuntes hacia la conformación de una historia del teatro en Michoacán

Omar Arriaga Garcés

 

Alfredo Mendoza y el teatro contemporáneo No había gran movimiento de teatro infantil en México y por ello sorprendió a Alfredo Mendoza Gutiérrez (1914-1994) encontrar en los periódicos la convocatoria de un concurso nacional sobre el tema. Decidió enviar su obra Marujilla. Al fin y al cabo nada se perdía con intentarlo. Era el tercer texto dramatúrgico que escribía desde que poco más de cinco años atrás, a fines de la década de los 30, incursionase en las tablas y creara un grupo teatral, la Sociedad Iniciadora del Teatro Infantil en México, posteriormente conocida como Teatro Infantil de Morelia. Trabajaba entonces como maestro en la Escuela Primaria “Morelos” de la capital del estado, percibiendo un sueldo mensual de 54 pesos. Contaba con 30 años de edad a la sazón el nacido en Churumuco.

 

La convocatoria del certamen la firmaban Magda Donato y Salvador Bartolozzi Rubio, un matrimonio exiliado en la Ciudad de México a causa de la Guerra Civil Española, que había dirigido en Cataluña la colección infantil Los Cuentos de Calleja, con más de 250 publicaciones bajo el sello editorial Saturnino Calleja. Se darían reconocimientos a los tres primeros lugares y premios en efectivo de mil, 500 y 250 pesos respectivamente, aunque sólo las dos primeras obras se llevarían al escenario, con el soporte de la Secretaría de Educación Pública (SEP), que tenía a Clementina Otero, Carlos Pellicer y Concepción Sada como responsables de sus áreas de Teatro Infantil, de Educación Estética, y de Teatro; y a Celestino Gorostiza y Andrés Henestrosa como encargados de los departamentos de Teatro y de Literatura del Instituto de Bellas Artes, que en aquel momento formaba parte de esa secretaría.

 

Junto a dos actores del elenco original, dos miembros de la asociación teatral que había conformado años antes y el director del Internado España-México, Alfredo Mendoza fue conducido el 7 de octubre de 1945 al palco del titular de la SEP, Jaime Torres Bodet, en el Palacio de Bellas Artes, a un costado del palco presidencial. Su obra, definida como una comedia infantil en cuatro actos y ahora intitulada Mariquita, porque se buscaba que sonase menos española y más nacionalista, estaba por estrenarse. Los boletos costaron un peso en el tercer piso, dos pesos en el segundo, y cuatro y seis en el primero, en un foro que estaba a reventar de niños

 

“Muy grande fue mi sorpresa cuando se me notificó –en agosto de ese año– que había ganado el segundo lugar, así que tenía derecho a 500 pesos, que eran 10 meses de sueldo, y a que mi obra se presentara” (Rodríguez, 2014: 9), le dijo el autor en su casa de la colonia Chapultepec Norte a José Luis Rodríguez Ávalos en 1993 durante la entrevista Un teatrista de grandes proporciones, editada por el Colectivo Artístico Morelia A. C. El primer lugar del concurso había sido para Carlos Toussaint y su texto Cri-Cri y el Rey Bombón (Trejo, 1950) –que sería musicalizado por Francisco Gabilondo Soler–, a pesar de que en sus crónicas de Excélsior y El Universal Francisco Monterde y Armando de María y Campos consignaron al día siguiente del montaje que la obra de Mendoza había sido “superior a la que había obtenido el primer lugar” (Rodríguez, 2014: 10). De hecho, en 1946 Mariquita repitió en Bellas Artes, esta vez con una temporada de tres meses, con un elenco encabezado por Alicia Rodríguez e Ignacio López Tarso.

 

Cinco años más tarde se anunciaba el segundo certamen nacional de teatro infantil y, aunque el también director estaba ocupado en Pátzcuaro en una Especialización en Educación Fundamental en el Centro de Cooperación Regional para la Educación de los Adultos en América Latina y el Caribe (CREFAL), cuya beca le fue conferida por triunfar en la primera emisión del concurso, se tomó dos días durante el periodo vacacional de septiembre para corregir y enviar Piñoncito, su cuarto texto dramatúrgico, montado hacia 1940:

 

La convocatoria decía que el jurado calificador daría a conocer el resultado en la segunda quincena de diciembre de ese 1951. En eso me pescó una fiebre de tifoidea que me tiró en cama; se acababa de inventar una medicina propia para la tifoidea, era muy duro entrarle a ese famoso medicamento; el médico del CREFAL me lo aplicó y me hizo pedazos el estómago, pero me curó la tifoidea. En plena convalecencia recibí una carta de mi papá que estaba aquí en Morelia, en ella me decía: “Hoy, en las noticias de la XEQ de la Ciudad de México, escuché que la obra que había obtenido el primer lugar en el concurso de teatro infantil era Piñoncito, por lo que creo que es la tuya, pues me parece imposible que haya dos títulos iguales (Rodríguez, 2014: 11).

 

La obra se estrenó el 4 de enero de 1952 y, esta vez, acompañaron a Alfredo Mendoza más de 21 alumnos, maestros y trabajadores del CREFAL de distintos países, por lo que hubieron de darle el palco presidencial en el Palacio de Bellas Artes. El premio al primer lugar fue 10 veces más grande que en la primera edición de la justa, con lo que se llevó 10 mil pesos. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés) determinó contratarlo como docente y el dramaturgo ejerció por 18 años la enseñanza en el CREFAL, donde incursionó en el teatro de títeres, siendo invitado a Guatemala (Flores, 2007: 12) en octubre de 1960 a impartir un curso sobre dicha temática (Morales, 2015: 79), el cual desembocó un año después en Teatro de muñecos y teatro infantil, editado por ser/scide, que vino a sumarse a Teatro guiñol: 3 comedias, publicado en los 50 en Pátzcuaro.

 

Uno de los personajes más destacados del teatro guiñol de Alfredo Mendoza fue Crefalito, “considerado por la UNESCO como el títere Panamericano… era el prototipo del maestro rural; entonces lo vestía como indígena purépecha, le mandaba a hacer los trajes y todo eso”, expresa en entrevista José Luis Rodríguez (Arriaga, 2019c). Pero el teatrista de Churumuco no fue sólo precursor del teatro infantil y de títeres, a la par adaptó obras clásicas de España, Inglaterra y Francia para los municipios de Michoacán, sin dejar de lado los cuentos infantiles, experiencia que reunió de manera anticipada en el libro Nuestro teatro campesino: experiencias sobre la puesta en escena en los medios rurales [CREFAL, 1960], convirtiéndose en referente del teatro indígena no sólo en el estado sino en el país. Alfredo Mendoza falleció a los 79 años el jueves 17 de marzo de 1994, en Morelia.

 

 

Ficha técnica

 

Posibles dioses.

Antología de Teatro Michoacano Contemporáneo. Vol. 2

Miguel ángel García (Coord.)

Editorial: Silla vacía

Colección: Dramaturgia        

Año: 2019

Edición: Primera

Formato: Rústico

Páginas: 264

Ancho: 16 cm                                           

Alto: 23 cm                                           

ISBN: 978-607-98445-0-9

Precio: $150