La espera Apunte fílmico-depresivo

La espera

 

Apunte fílmico-depresivo

Por Omar Arriaga Garcés

Para René

I

 

Hace muchos años, cuando veía la televisión y la gente gustaba de contratar servicios de cable, había un canal de películas llamado Europa Europa. Todavía existe. Por alguna razón que no logro acertar, salió del aire y pasó a uno de los esquemas de pago más onerosos de la abyecta Megacable, una de las peores cosas que he contratado en mi vida, cuya cancelación fue una genuina odisea burocrática. Por supuesto que no pagué más para tener esa emisora de filmes. Cancelé el servicio, aunque por otras razones.

 

Acababa de iniciar la década del 2000. Dejé de ir a la escuela un tiempo. Caí en depresión. Mis razones: no haber sabido afrontar ciertos conflictos. Seguir pensando en ellos, repasándolos mentalmente una y otra vez. No dormía bien. Podía pasar la noche despierto y empezar a dormirme a las siete u ocho de la mañana. Tenía miedo de salir a la calle.

 

En especial, me angustiaba que la gente me viera y pensara algo de mí que no se correspondía con lo que sentía. Por ejemplo, que hiciese algún gesto de enfado, una molestia interior por el recuerdo de algún capítulo reciente de mi vida, y que se interpretara eso como animadversión hacia la persona más cercana. Aún me ocurre eso. Pero ya no me aterra. Hay una cierta desconexión autista entre lo que siento y lo que proyecto.

 

Dos cosas me calmaban cuando estaba hundido y ansioso. Subirme a la combi en la parte delantera, del lado de la ventana, y sentir el aire cuando el conductor aceleraba sin ningún rastro de inquietud. Dejaba entonces de pensar, ponía la mente en blanco y sólo sentía el viento. Podía meterme en el instante, algo que difícilmente lograba. Ni siquiera me gustaba tomar en esos días.

 

La otra cosa que me tranquilizaba era quedarme los sábados a medianoche a ver los seis capítulos seguidos que transmitían de una serie japonesa de dibujos animados, que trataba de un samurái viviendo entre el final de la Era Tokugawa y el Periodo Meiji, quien había depuesto las armas y, aunque portaba una espada de filo invertido, no podía hacerle daño a nadie con ella.

 

No podía concentarme para leer. Escribía un par de líneas y lo dejaba. Mis amigos se sorprendían de que no quisiera salir el sábado en la noche y prefiriera quedarme encerrado. Me quedaba viendo horas enteras la televisión. Sobre todo ese canal de películas europeas. Hubo varias cintas que se me quedaron grabadas, lo cual me parece extraño. Algunas no las he vuelto a encontrar. Otras no las busqué.

 

II

 

Recuerdo Adiós hermano cruel (1971) de Giuseppe Patroni Griffi; las Historias extraordinarias (1968) de Federico Fellini, Roger Vadim y Louis Malle, tres cortometrajes basados en tres cuentos de Edgar Allan Poe: “Metzengerstein”, “William Wilson” y “Nunca apuestes tu cabeza con el diablo”; los filmes del Décalogo (1988-1989) de Krzysztof Kieślowski, que sí se pueden conseguir sin grandes dificultades; la maravillosa Sonnenschein (1999) de István Szabó, con Ralph Fiennes; Rocco y sus hermanos (1960) de Luchino Visconti; Julieta de los espíritus (1965) de Fellini; o Hiroshima mon amour (1959) de Alain Resnais.

 

Recuerdo también una película alemana -creo-, cuyo título tradujeron al español como Cambio de vida. No sé el año pero debe haber sido filmada entre 1995 y 2004, no sé el director, no volví a verla programada ni en Europa Europa ni la hallé en Internet . Aunque con una búsqueda superficial me di cuenta de que ése es un título bastante socorrido.

 

La que yo vi trata de un fulano que está triste y va a tener un hijo con su esposa. Tienen dos amigas: una chica relajienta rubia y feliz que está por casarse, y una chica muy seria, de cabello negro, delgada, que es ministra de un culto religioso. La feliz y el tipo triste con cara de estar en la tasa del baño realizan la operación sexual denominada coito el mismo día de la boda de ella, lo que da origen a un pequeño caos. No es que él esté enamorado de la feliz, pero algo está pasándole por dentro y no puede evitar acostarse con ella.

 

Ese tipo triste con cara de agonía se va, se pierde un tiempo. Pasados unos meses regresa. No busca a su ahora exesposa, que ya ha dado luz (la pareja debió separarse tras el incidente el día de la boda); tampoco busca a la feliz y relajienta. En cambio, busca a la ministra religiosa, quien también estuvo esperándolo. Ah, cabrón, ¿cuándo pasó algo entre ellos? Hasta gordos se caían. Ella lo golpea pero acaba por abrazarlo. Se besan. Fin del filme. Ya conté el desenlace, pero bueno, ni siquiera sé de qué película se trata.

 

III

 

Hay, no obstante, una película cuyo nombre sí recuerdo bien, Er più/ Storia d’amore e di coltello (1971) de Sergio Corbucci, director de varias de esas cintas que llaman spaghetti westerns, como Django (1966). En España y Argentina le bautizaron como El guapo. Está protagonizada por Claudia Mori y el cantante Adriano Celentano, el de la canción “Il ragazzo della Via Gluck”. Un clásico.

 

La historia, bastante simple, se desarrolla en 1900. Nino Patroni (Celentano), er più di Borgo, algo así como “el más” verga de Borgo, un barrio bajo de Roma, acaba de salir de la cárcel y quiere venganza. No está seguro de quién testificó en su contra, pero recela de Cinese (la “C” se pronuncia como che), El Chino, Vittorio Caprioli, que es como el soplón intramuros.

 

A Rosa Turbine (Claudia Mori), con quien Nino tiene una relación, la ha estado pretendiendo en su ausencia Augustarello (Augustito, Gianni Macchia), un muchacho de otro barrio de la capital italiana cuyo hermano tiene una carnicería. Nino tiene una pescadería. La policía sabe de su enemistad y trata de intervenir, aunque sin éxito.

 

Para ahuyentar al pretendiente, Nino reta -en una escena interesantísima- a Augustarello a beber toda la noche junto a otros hombres de Borgo. Pero en realidad el reto es una forma de la burla. Augustarello no bebe nada, nadie le convida: todos siguen las órdenes del pescadero. Augustarello reta a Nino, pero Nino se ríe de él. Sin embargo, a los hermanos de Augustarello (Bartolo, Maurizio Arena, y Pietro, Gino Pernice) no les gusta ser objeto de burlas. Atacan la pescadería cuando está cerrada. En represalia, Nino y otros hombres atacan la carnicería.

 

La tensión va subiendo. Bartolo reta a Nino a un duelo a muerte al amanecer, con cuchillos. Rosa le pide que no vaya. Nino le avienta un discurso sobre la hombría y ser un hombre de honor (el machismo italiano en toda su ridiculez y su esplendor, muy semejante a otros machismos). Le dice que no puede faltar a la cita. Rosa, aun cuando ello atenta contra su propio decoro, pasa la noche en casa de Nino para no dejarlo marchar. Pero se queda dormida. Al despertar, se da cuenta de que, al alba, Nino ha partido a su duelo, en unas ruinas a las afueras de Roma.

 

No voy a hablar de lo curioso del duelo. Ni contaré el desenlace. La película se puede conseguir sólo en italiano. Como ya la conocía, me he puesto a verla así en otras ocasiones, sin subtítulos. Debo decir, sin embargo, que es poco lo que se le entiende. Porque para acabarla de fregar hablan en eso que en Italia se denomina “dialetto”, las variantes de región a región que sólo quienes viven ahí acaban de entender. Los subtítulos, no obstante, deben existir, porque si no ¿de dónde los ha tomado Europa Europa?

 

He buscado la película. No la venden nueva en VHS ni en DVD. Pero ambos existen.

 

El VHS, con subtítulos en castellano, puede encontrarse en veinte euros en Valencia. Debe ser de la década de los 80. Ya no tengo videocasetera, compraré una. Algún día. Si aún las hay. El DVD, de 2004, es Región 2: Europa y Japón. Sólo se consigue en Amazon. Dudo mucho que nuestros aparatos puedan reproducir ese filme que, además, no tiene subtítulos en castellano.

 

Supongo que la película no le ha reportado a Titanus grandes beneficios. ¿Por qué si no iba a evitar el mercado hispano, el de la segunda lengua más hablada del mundo, por encima del inglés y sólo detrás del chino?

 

No sé si haya sido ese periodo depresivo de mi vida, la soledad o el filme en sí, pero lo disfruté mucho. Lo recuerdo como uno de los más entrañables que haya visto, a pesar de sus francos errores. Como quiera que sea, sigo esperando que alguna vez a alguien se le ocurra subir la película a Internet con subtítulos o que Titanus la venda subtitulada. Van más de diez años de espera y aún no ocurre.