Mary Pi, Mary Pi… ¿Estás ahí?

Bagatela

Mary Pi, Mary Pi
¿Estás ahí?

Por Eduardo Montes

 

Foto Cortesía
Eduardo Montes

Era agosto de 1997, de Madrid, a Zaragoza y de Zaragoza a Teruel, Teruel de las torres mudejar, de la “Plaza del Torico” ¿no sé como fue que llegué a Aragón, no me refiero a si en tren o autobús, simplemente llegué.

Había estado en Barcelona años antes, ese condado que fue parte del Reino de Aragón, pero lo que es la tierra aragonesa de hoy apenas la había atravesado sin darme cuenta.

La Basílica del Pilar me pareció enorme, magnífica construcción que me hacia imaginar mezquitas, me instalé en un hostal bastante bueno, en el mismo centro a dos o tres calles de la Basílica, me llamó mucho la atención que al tomar mi habitación la dueña del hostal me preguntó si me iba a bañar, obviamente le dije que sí, ella me contestó que si me bañaba diario tendría que pagar no recuerdo cuantas pesetas más, me pregunté ¿qué los españoles no se bañan? Y bueno tampoco me bañé ninguno de los tres días que estuve en Zaragoza; yo no sabía que en España bañarse significa llenar la bañera (tina) de agua y eso es lo que hacía la diferencia, ducharse que es lo que hago todos los días, no significa bañarse y obviamente se gasta menos agua. Lo malo que eso lo supe cuando ya había pagado ya que la señora me dijo ¡nunca se bañó! Pues no solamente me duché.

Salí de Zaragoza no sin paladear la aljafería, fui a Teruel y verdaderamente quedé impresionado pese a no haber podido entrar en la catedral misma ya que estaba en restauración y que tiene el artesonado más grande de la península, que tiene tales pinturas mudéjares que le llaman “la Capilla Sixtina del Mozárabe”; como siempre al escribir esto me desvío, y pienso ¿qué tiene que ver la Sixtina con cualquier techumbre pintada? Ese tipo de aseveraciones como “El Panteón Real de San Isidoro de Sevilla en León es la Capilla sixtina del románico”, me disgustan como decir San Petersburgo es la Venecia del Norte, lo mismo de la ciudad de Amsterdam, en verdad Venecia es un punto y aparte, y no hay otras venecias y ¿por que no La Sixtina es como el Panteón Real? Cada sitio tiene lo suyo y es incomparable; bueno regreso a lo que iba.

Teruel me encantó, en el autobús resultó que mi compañero de asiento era mexicano también e iba a Teruel a ver las torres que son Patrimonio Mundial… yo iba a lo mismo y las recorrimos juntos, después de verlas nos despedimos no sin intercambiar correos pero nunca nos escribimos.

Me llamó mucho la atención un viaducto que tiene forma del acueducto pero es para atravesar caminando sobre un abismo y me recordó mucho al acueducto de Morelia. Supe que cerca había un pueblo con fama de su belleza me decidí a ir al otro día. Dicho pueblo se llama Albarracín salía un autobús a las siete de la mañana y regresaba media hora después y no volvería a haber autobuses hasta el otro día. así que tendría que quedarme en Albarracín una noche, me dio gusto al empezar a recorrer el pueblo, este me daba la impresión que nunca había sido construido, era ver un pueblo que parecía no ser hecho por el hombre, era como un sitio nacido, surgido de la tierra, arrancando su color.

Las callejuelas eran sus venas y arterias acaso las mas pequeñas eran los vasos sanguinos de ese organismo vivo que es Albarracín, la localidad esta situada a las faldas de una montaña que esta rodeada por el río Guadalaviar y cerca de ahí nacen varios ríos: En los alrededores nacen los ríos Guadalaviar, Tajo, Júcar, entre otros, el día anterior cuando supe que tendría que pasaran noche ahí, conseguí un hotel que no recuerdo el nombre pero estaba como metido en parte a una montaña, parecía pequeño pero en verdad era grande, como a las seis de la tarde decidí descansar, el calor era bastante fuerte pues era pleno verano.

El hotel tenía una gran terraza con sombrillas que invitaban descansar, había comprado un libro sobre la muerte de Gracia Lorca, para regalársela a un alumno de aquella época y como el que yo lo leyera no le restaría valor al regalo, me puse a leer con una bebida, de pronto una voz salió de una ventana que no había visto, esas paredes o muros que no se sabe si son montaña o roca, pared ya hechas por la naturaleza o por el hombre, la voz femenina gritaba fuerte y lentamente Mary Pi, Maaary Pii, Maaaaaary, Piii, y se interrumpía el grito, nuevamente después de un minuto escuché Mary Pi, “Maaary Pii, Maaaaaary, Piii”, pero más fuerte, volví al cara por que veía la ventana pero no a la mujer que gritaba y tampoco vi a la tal Mary Pi que no contestaba, una tercera vez: Mary Pi, “Maaary Pii, Maaaaaary, Piii, ¿estás ahí?” Y la figura de una gruesa mujer tan voluminosa como el mismo vano de la ventana se movía lentamente hacia la reja, “Maaary Pii, Maaaaaary, Piii, ¿estás ahí?” Volvía a gritar, yo volvía la cabeza al lado contrario a ver si la tal Mary Pi contestaba y nada, no podía leer de tanto grito, pero no me importaba, la mujer me recordó a aquel personaje de dibujos animados que eran una gran pata que cuidaba a un pato “draculero” que se llamaba el Conde Pátula y solamente sonreí, “Maaary Pii, Maaaaaary, Piii ¿estás ahí?” resonó de manera más fuerte alargado al lastimero el grito y después de más de diez minutos de escuchar “Maaary Pii, Maaaaaary, Piii” ¿estás ahí?”
Mary Pi al fin apareció de un recinto que estaba abajo de la terraza y vi a una mujer menuda, vestida de cocinera, que contestó con un fortísimo “qué” (alargando la E) y la frondosa mujer preguntó ¿Qué horas son?

Mary Pi simplemente contestó “son las seis”