“Página en blanco”.

Por Enrique Domínguez Villicaña.

El entorno cuasi perennemente callado de la biblioteca en donde Miguel solía leer sus libros, era la atmósfera perfecta para el solaz desasosiego espiritual que él siempre buscaba todas las mañanas antes de entrar a su clase de las 10:00AM, pero sobre todo el pretexto idóneo para toparse como casi todos los días con aquella muchacha linda de cabello lacio y hasta los hombros que siempre iba a dejar en el mismo anaquel, el libro ese de poesía que solía leer y que Miguel ya en alguna ocasión y sin que ella lo notara había ido a checar para identificarlo.

 “Poesía moderna y de otros tiempos”…”recopilación” decía en la parte inferior de la portada; Miguel y sin que la muchacha aquella se diera cuenta, había tratado de escudriñar las páginas de aquél tomo tratando de encontrar alguna pista que le indicara cuál era el poema preferido de ella ¡pero no encontró nada! Incluso trató de remitirse a los títulos de cada uno para ver si alguno de ellos se correlacionaba con la dama, mas ¿cómo saberlo?

Gaspar Aguilera , 2019.

¡Efectivamente había poemas de amor y literalmente otras cosas!, sin embargo, ¿cómo saber si ella era romántica o agreste como algunas mujeres…? -aunque debe ser romántica! – Pensó Miguel, -porque si no lo fuera, ¡no leería estos libros!… Miguel nunca se dio a la tarea de sentarse libro en mano para seguir buscando en aquellas páginas más pistas mientras la chica hermosa no estaba. Simplemente esperó el momento propicio y pensó que la mejor referencia hacía ella sería una página en blanco.

Cierto día, Miguel tomó al llegar a la biblioteca, una tarjeta del fichero para estudiantes y donde se escribían los datos de los libros solicitados para extraerlos de la biblioteca previa identificación y registro en la administración y escribió lo siguiente, -Tú serías mi página en blanco en tu libro favorito de poemas- y guardó la tarjeta en el bolsillo de su camisa.

Al día siguiente, Miguel visitó la biblioteca como todas las mañanas y esperó pacientemente a que aquella linda muchacha llegara, estaba apenas empezando a abrir el libro seleccionado, cuando ella hizo su acto de aparición y él de un solo salto de verdadero autómata y sin pensarlo un instante se levantó de su silla y ahora sí lenta y sigilosamente se acercó a su dama de presa. La joven de cabellos lacios fue advirtiendo su presencia poco a poco pero no volteó hasta que Miguel estuvo a su diestra. Él iba a tocar su hombro para llamar su atención, pero ella ya había virado su cabeza hacía él, Miguel la miró y también sin pensarlo entregó la tarjeta a.…la chica cuyo nombre desconocía, ésta lo miró un poco de reojo de arriba a abajo y con un dejo de extrañeza le recibió la tarjeta en propia mano.

Miguel no supo en qué momento la extendió el brazo, pues en ese instante no pensaba, tampoco se dio cuenta a qué hora salió de la biblioteca o al menos no lo recuerda, como una página en blanco.

Manos en los bolsillos y caminando como alma en pena sin rumbo fijo se dirigió a la puerta principal de la escuela…- ¿y mis clases? – Pensó. Se detuvo por un momento, pero prosiguió su camino. ¡Ese día no habría tenido mente suficiente ni en paz para haberse quedado a clase!

Al amanecer siguiente Miguel llegó a la hora de costumbre y cuál sería su sorpresa al darse cuenta en el momento en que caminaba por el sendero principal de la escuela, en una de las bancas de al lado de aquella brecha hecha de piedra, se encontraba su furtiva dama, pierna cruzada cuya punta del zapato izquierdo en pico apuntaba hacía la silueta cada vez más cercana de Miguel. Cuando él llegó hasta la altura de esa banca ocupada, detuvo su andar, sus manos presas de la angustia temblaban igual que el día anterior después de haber entregado la tarjeta…

Miguel casi rosaba la punta del calzado color marfil sólido de ella; enmudeció por un instante.  Fue entonces cuando la muchacha aquella se levantó y delicadamente colocó en el bolsillo de la camisa de Miguel, la misma tarjeta que se le había entregado un día antes, pero previo a partir lo miró a los ojos y sonriendo de modo casi imperceptible se alejó con esa seguridad que tienen las mujeres cuando saben que tienen todo o casi todo controlado.

El protagonista de esta historia vio cómo se alejaba, la misteriosa hasta que su silueta se desvaneció brecha adelante y entre otros alumnos que convivían cerca del edificio principal; Miguel tragó saliva y lenta, muy lentamente y con un temor casi mortuorio extrajo del bolsillo de su camisa, la tarjeta y vio que, al reverso escrito también a mano, -por qué la página estaría en blanco…manda respuesta al siguiente WhatsApp: 5544475978 P.D. ¡No es mi número, pero la leeré! – Miguel desconcertado, extrajo su celular de donde lo portaba y escribió después de registrar el número lo siguiente, -Serías la página en blanco de mi libro favorito de poesía porque en ella no escribiría tu nombre, ni un poema, no harían falta las letras, ni la rima, ¡ni los versos porque tu imagen aparecería por sí sola en esa página y a mí con eso me bastaría! –  Acto seguido, Miguel envío el mensaje. Las palomitas azules del WhatsApp no se hicieron esperar, aunque no hubo respuesta.

 Miguel aún sigue visitando la biblioteca a la misma hora de siempre con la esperanza de volverse a topar con…”la chica poema”, pero ella no ha regresado.  Finalmente, un día y sin pensarlo, Miguel regresó al anaquel donde “la chica poema” guardaba el libro que ella leía, lo extrajo, y notó que a la mitad del libro había algo a modo de ¡separador! lo abrió justo ahí y se dio cuenta que se trataba de una página en blanco.

Enrique Domínguez Villicaña