POETIZA DE LA FOTOGRAFÍA

FLORENCE  LEYRET JEUNE, ES UNA ARTISTA VISUAL QUE DEVELA LO PROFUNDO DE LAS FORMAS HUMANAS PARA HEREDAR UNA VISIÓN DESDE LA TIERRA AL COSMOS EN LAS TRADICIONES PURÉPECHAS.

CREO QUE SOY UNA PERSONA BUSCANDO Y ME GUSTA ENCONTRAR. (Florence Leyret)

Florence Leyret es una artista visual que ha viajado desde Europa a Norte América, conoció  México y visitó Oaxaca, Chiapas y al retornar a Nueva York pasó por Pátzcuaro, tierra donde encontró su lugar. Ajena a creer en las coincidencias y estudiosa de la lengua originaria de Michoacán, con una profunda mirada que atraviesa la lente de su cámara para encontrar con sorpresa las mascarás, las fiestas y las celebraciones, percibe  la escencia de los personajes que retrata, en un momento de extraordinaria admiración tanto para ella como para los fotografiados. La sorpresa y la profundidad acompañan sus imágenes  de gran formato que captan la dimensión abstracta y concreta de sus modelos. “Tzitziqui” como la llaman en la comunidad purépecha es ya una famosa y querida fotógrafa de la cosmovisión  de esta región en Michoacán.

PARA Mí EL TRABAJO REPRESENTA UNA BUSQUEDA ESPIRITUAL SOBRE EL SENTIDO DE LA VIDA, LA RELACIÓN CON EL COSMOS, LA RELACIÓN CON LOS OTROS SERES HUMANOS (Florence Leyret)

Sus inicios en el mundo de la fotografía se remontan a su infancia, en Francia de donde es originaria, la menor de tres hermanos, recuerda que desde pequeña le gustaba dibujar y hacer cosas con sus manos. “Empecé como profesora para niños, pero con una orientación de buscar la creatividad en todo momento desde la historia, el francés, la literatura y el arte. Tengo una formación en bellas Artes en  Francia”.

Minolta RT, 103.

Fotos Florence Leyret

“En 2003 tuve la oportunidad de ir a Nueva York  a dar clases de  pintura. En esa ciudad mi departamento fue mi chico, así que empecé a tomar foto  con una cámara minolta, RT, 103, en todas las calles de “la Gran Manzana”. Me interesa la figura humana, desde la pintura más o menos abstracta.  En Nueva York tomé fotos de niños y en las calles documentaba las últimas tradiciones de aquella urbe. En Coney Island, tienen una fiesta de las sirenas, también viví algunos años en el centro de Harlem, allá documenta  a los músicos de jazz. La iglesia bautista, en septiembre hacen un desfile afroamericano donde hay bandas que vienen, es muy visual, pero la gente, ¡la gente es la que me llama!

Mi interés principal son las tradiciones.

En vacaciones Florence Leyret viaja a México, visita  Chiapas, Oaxaca y en el camino de regreso a Estados Unidos pasa a Pátzcuaro, (2004),  lugar que considera correspondiente a su energía y se siente bien. “Creo mucho en la energía, Pátzcuaro, es un lugar muy bello y la comunidad de los purépechas me ha abrigado, es la primera vez en mi vida que me siento en mi lugar”… “llegué sin tener la idea de hacer algo más profundo en fotografía. Fue el destino. Empecé a conocer a los artesanos en Tzintzuntzan y me di cuenta que ellos no tenía una apertura en internet, fue una necesidad de abrir las ventanas a la arte. Fue en el ojo del fotógrafo  un pretexto para hacer retratos que es la cosa que me gusta. Poco a poco  encontré las tradiciones en los pueblos sin saber, sin entender, pero visualmente fue tan atractivo que hoy es  mi interés principal, las tradiciones.

Poesía y estética del corazón.

En las fotos la temperatura de color es importante porque expresa en la mirada de la artista el espíritu de cada fiesta y cada pueblo en sus tradiciones y sus ceremonias. Juega con los contrastes. La imagen de gran formato es la que más le agrada “es muy poderosa, como en mi fotografía la mayoría de trabajo son personas, creo que es dar a cada individuo su dimensión real o abstracta. Lo que me atrae en las tradiciones, a parte del aspecto cultural, que para mí fue muy extraordinario  porque vengo de una cultura donde no hay nada de lo que yo puedo ver en los pueblos,  es el aspecto estético yo busco mi sensibilidad”.

“No tengo ningún  programa que me diga lo que haga, voy con mi corazón a seguir mi pasión, mi interés por el color. La terminología de Realismo Mágico es más literaria para hacerlo evidente, se puede corresponder en esta realidad que encuentro en los pueblos  donde “esa realidad” es muy cotidiana y donde los elementos fantásticos se fusionan  completamente como si fueran normales, pero es un efecto de contraste, de la cotidianidad y la magia  de las tradiciones, los trajes, las máscaras, las danzas, la música. Yo creo que es lo que me gusta de estar sorprendida e ir a un pueblo y tenerme con la boca abierta  y decirme a mí misma ¡ah, no puedo creerlo!, ¡Cuánta belleza!”.

El aspecto del trabajo de tocar la materia le gusta mucho, “es como ir al origen de las cosas, yo creo que corresponde con mi carácter. Me gusta ir profundo,  cuando veo una persona no veo su  faz, no veo lo superficial, quiero ver más adentro. Hay muchas  personas que me dicen que es lo que se ve en mi fotografía, que se ve dentro lo humano”.

En general  interesada por  el trabajo con la luz considera que hay la posibilidad de cambiar el ambiente con este recurso, se pueden hacer cosas más dramáticas, el contraste y el detalle de colores fuertes. “Yo tengo está dirección de continuar mi trabajo con la luz, los filtros de colores y las plantas. El gran formato y las fotografías de tradiciones. Hay mucha experimentación con los ácidos, me gusta”, -admitió como una fuerte decisión.

Sus ojos, la lente, la máscara, el otro.

En los últimos retratos que ha realizado con un proyecto muy soleado, lo que la atrapa son las miradas: “Atrás de la máscara esta la mirada, es una relación muy fuerte conmigo. Me hechiza la sorpresa, la emoción. Sigo la conmoción del otro y la mía”.

Antes Leyret Jeune tenía la idea  de que su trabajo era una lucha contra la globalización, pero hoy no cuenta con esa percepción, “creo que las tradiciones no me necesitan. Está bien que estoy aquí en este momento, pero ellas, las tradiciones,  van a continuar sin mí, son  la estructura de la comunidad. La base de la sociedad depende  de la fiesta, si la fiesta desaparece la estructura también. Creo que eso no va a ocurrir porque hay jóvenes en todos los pueblos que visito que quieren seguir la tradición, los niños participan con gusto, es muy fuerte la herencia. Hay un cambio de conciencia en todo el planeta en general, la gente recuerda que los pueblos originarios tienen cosas para vivir mejor, el enlace con la naturaleza y los valores como la solidaridad y la generosidad, por ejemplo”, -destacó con una mirada brillante Leyret y finalizó la entrevista.