POSICIONAMIENTO #8M2021

Morelia, Michoacán, a 16 de marzo, de 2021.- A ocho días de la marcha que conmemora el Día Internacional de la Mujer, te presentamos una relatoría gráfica del fotógrafo Ricardo Suárez, quien vivió la marcha en la arteria principal del Centro de la Capital Michoacana. Las imágenes acompañan  el documento original:

POSICIONAMIENTO #8M2021

#RedColectivasFeministasMichoacán

 

La pandemia por Covid-19 que nos obligó a mantenernos socialmente distanciadas, aisladas en el espacio doméstico y que ha visto el incremento de las diversas violencias estructurales en nuestra contra ¡No ha podido con nosotras como mujeres organizadas!

No logró desarticular nos, y por eso, estamos aquí hoy, exigiendo al Estado aún con más fuerza el reconocimiento y garantía de nuestros derechos. Esta pandemia ha agravado aún más las condiciones de precariedad y violencia.

 

A pesar de los cuestionamientos, alzamos la voz, porque sobre nuestros cuerpos recae todo el trabajo de cuidados, un trabajo que no es reconocido y ni valorado de forma justa por la sociedad.

Un año ha bastado para que la contingencia haya develado con toda su crudeza las múltiples opresiones que cotidianamente enfrentamos por razón de género, clase, raza, etnia, edad, nivel educativo, territorio que habitamos y lugar de origen.

 

La violencia doméstica en contra de niñas, niños, adolescentes y mujeres aumentó durante el confinamiento. El “¡Quédate en casa!” ha representado para muchas mujeres el convivir todo el día y durante meses, con sus principales agresores: sus parejas.

Si bien la pandemia ha sido mortal para muchas, llevamos siglos enfrentando día a día una pandemia aún más grave: la de las violencias en contra de las mujeres en este país, que en la actualidad nos azota con 10 de feminicidios por día.

 

En Michoacán se registraron el año pasado 191 asesinatos de mujeres, únicamente 13 fueron clasificados como feminicidios; aún así, los feminicidios se incrementaron, colocándonos entre las primeras cinco entidades que registran la mayor cantidad de esos crímenes; en dos meses de 2021 se contabilizan cerca de 20 mujeres asesinadas en la entidad.

El fiscal estatal se lava las manos señalando que los factores del incremento de la violencia contra las mujeres están en la descomposición social desde el núcleo familiar, el consumo de drogas y el narcotráfico, y ¿dónde queda la responsabilidad de la fiscalía y la eficiencia en la integración de las carpetas de investigación?  ¿Dónde queda el análisis con perspectiva de género para obtener pruebas y poder cerrar las carpetas con los feminicidas enjuiciados y sentenciados, sin presionar a las víctimas indirectas a aceptar procedimientos abreviados?

 

¿Dónde queda la responsabilidad por las violaciones de derechos a las víctimas y sus familiares, y la preparación de los policías y agentes del Ministerio Público para no mandar de regreso a las mujeres que denuncian a su casa, o revictimizarlas ¿Porqué las tratan a ellas como las delincuentes?

¿Dónde queda la justicia, dónde quedan los derechos para las niñas adolescentes y mujeres? ¿Dónde están?

 

El patriarcado es un orden político que se basa en la opresión, en el control y disciplinamiento de las mujeres ¡El patriarcado es el Estado! El territorio de disputa del poder patriarcal: son los cuerpos de las mujeres. El abuso sexual y la violación son actos de poder y de dominación, a través de los cuales se nos apropia y controla a las mujeres mediante el apoderamiento de nuestra intimidad, somos reducidas a objetos de placer, a instrumentos que permiten la reafirmación de la masculinidad de los hombres.

 

No importa si se presentan iniciativas de ley en el Congreso Estatal para aumentar las penas en contra del abuso sexual ¿De qué sirve eso si las víctimas no denuncian? No denuncian por la ineptitud de las autoridades y las que se hacen quedan en las agencias del Ministerio Público como indagatorias mal integradas que terminan archivadas.

La violencia sexual en contra de niñas, adolescentes y mujeres está normalizada y se acepta y tolera porque cada día, aunque nos quieran hacer creer lo contrario ¿Cómo es posible que en nuestro país niñas de entre 10 y 14 años de edad, se convierten en madres como resultado de la violencia sexual que vivieron?

 

¡Mujeres! La apropiación y el acto de poder sobre nuestros cuerpos no se limitan a la violación, es el control de nuestra sexualidad a través de la reproducción; otra forma de disciplinarnos violentamente y adueñarse de nosotras.

La alta tasa de abortos que se realizan en el estado es resultado de políticas fallidas de educación sexual y poco acceso a anticonceptivos; políticas que cobijan más la violencia sexual que el acceso al aborto seguro.

 

A lo largo de este fatídico año se ha confirmado lo que siempre hemos denunciado: no estamos seguras ni en el espacio público ni en el privado. Nuestras vidas y nuestro bienestar están permanentemente amenazados por un sistema patriarcal que sigue ejerciendo su poder y violencia de forma directa sobre cada una de nosotras, generando una imbricación de opresiones, exclusiones y explotación.

Vivimos al filo de la muerte. Es hora de despertar y sembrar en nuestros corazones la necesidad de organizarnos, decía la Comandanta Ramona, y en lugar de dividirnos, de atacarnos unas a otras, es momento de acuerparnos, de luchar por ser reconocidas como seres humanos, como ciudadanas en pleno derecho, no como de segunda categoría.

 

¡Hoy toca salir a exigir nuestros derechos, hoy toca desobedecer al Estado y a la comunidad, hoy toca interpelar el poder de cada institución social que nos mantiene sometidas!

 

Es la hora de desafiar al machismo de los padres, hermanos, parejas; de poner en perspectiva cada relación de poder que nos subyuga. Hay que deshacernos de nuestras propias creencias sobre la familia, el amor romántico, las costumbres y nuestro rol en la sociedad.

No tenemos miedo, estamos haciendo lo correcto y lo hacemos entre todas, estamos uniendo fuerzas y honrando a nuestras ancestras, quienes con sus luchas heredadas nos han abierto el camino para tumbarlo; porque tenemos claro que no se va a caer solo, requiere de toda nuestra determinación echar abajo este sistema patriarcal, capitalista y colonial que nos oprime, y mientras haya una sola mujer bajo esa condición, ninguna lograremos la plena libertad que tanto anhelamos.

 

En un día en el que conmemoramos a las mujeres trabajadoras que salieron a las calles a inicios del siglo pasado, protestando por mejores condiciones laborales y más derechos, que sea esta marcha y nuestras consignas una forma de reconocer el trabajo de las mujeres que integran el personal de salud, las médicas y enfermeras, así como las madres de familia y cualquier mujer que desde cualquier espacio pone su cuerpo, como su fuerza física y energía para sostener la vida de otras y otros.

 

Hoy nos reunimos aquí mujeres de todas las edades, de diversos orígenes, de etnias diferentes, hoy salimos a marchar mujeres de distintas clases sociales, con diversas ocupaciones, con grados de estudios diferentes, pero con un sólo fin: no callarnos más, hacer escuchar esta pluralidad de voces.

 

¡Hoy hacemos nuestras, las palabras de Rosa de Luxemburgo, estamos aquí y están otras en otros espacios, desde otras trincheras, como todos los días, luchando “por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”!