Tripodología felina

Tripodología felina

Por Omar Arriaga Garcés

Omar Arriaga Garcés

Algo hay de inverosímil en la línea recta que para alguien como Laurence Sterne era motivo de suspicacia. Cuando trata de referir su nacimiento en una narración rectilínea, directa, sin preliminares, su personaje principal, Tristam Shandy, se atasca, y debe urdir y yuxtaponer y agregar cada vez un nuevo episodio que explique las condiciones previas al momento al cual quiere llegar.

Una recta es el camino que deben seguir los cristianos durante su vida, es el emblema de la rectitud moral según Cicerón, es la línea más corta entre dos puntos de acuerdo a Arquímedes (al menos en el planeta Tierra porque en ciertas zonas del espacio exterior parece serlo la línea curva), es la vía ideal para los plantadores de coles, se lee en Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy.

No es cristiano, por supuesto, insinúa cierto grado de inmoralidad, no planta repollos ni le importan los principios de la ciencia física ni los del menor gasto al autor inglés. Es literatura, y en la literatura como en la vida ningún postulado científico o racional, por infalible que sea, debe ahorrar un precioso camino que de no vivirse constituye una pérdida. De experiencia. Mi abuela (y supongo que la abuela de muchos otros) decía: nadie experimenta en cabeza ajena.

A veces es complicado empezar una lectura y terminarla de pí a pá, porque resulta que en el medio el autor recomendó escuchar la sinfonía tal de Shostakovich o porque un personaje lee poemas de Rimbaud, y cómo va a saber uno de qué están hablando si no conoce eso a lo que se refieren; pero sucede que las nuevas referencias lo llevan a uno a, por ejemplo, Las mil y una noches, literal y metafóricamente.

De lo que uno leía se acaba en la novela El nombre de la rosa de Umberto Eco, de donde se brinca al compendio de cuentos árabes para comprobar si es cierto que la trama de ese libro detectivesco medieval es muy semejante a una de las primeras noches que Scheherezade relata. ¿Es un plagio lo que hace el italiano? Nadie se atrevería a decirlo sólo porque desarrolla una historia a partir de otra historia.

(Después de más cuarenta y tantos capítulos, en el tercer libro de la Vida y opiniones, por fin Tristram Shandy puede nacer.)

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Cuando se hizo público que Sealtiel Alatriste había ganado el Premio Xavier Villaurrutia y los señores de la revista Letras Libres se le fueron a la carótida, hace ya unos años, acusándolo de plagio, el escritor tijuanense Heriberto Yépez señaló -en una columna, si no mal recuerdo- que esos dominis no tenían mucho que aducir porque su difunto prócer, Octavio Irineo Paz Lozano, contaba en su haber con algunas sonrojantes apropiaciones literarias, por decirlo eufemísticamente, de las que no habían dicho nada.

El sospechoso autor de El laberinto de la soledad y de Sor Juana Inés de las Cruz o las trampas de la fe sí que había dicho algo ante las acusaciones de plagio: “Ya se sabe que el león se alimenta de corderos”. Una frase de Paul Valéry de la que Irineo Paz “tampoco le dio crédito” al poeta francés (José Agustín dixit, Tragicomedia mexicana 3). Y Yépez añadió algo bien interesante, que evidencia no sólo que esa práctica es más común de lo que se cree sino que ser lector es un asunto francamente intrincado.

Heriberto Yépez mencionó un poema de juventud de Paz Lozano, que parece un texto escrito de manera similar a como Eco hace su El nombre de la rosa, partiendo de otro texto, pero en su columna el tijuanense aludió de paso a Aura de Carlos Fuentes y a su incuestionable relación con Los papeles de Aspern de Henry James. Quiero decir que por fin terminé de leer Los papeles de Aspern y Henry James es ya uno de mis escritores predilectos. Pero creo que ya me he alargado bastante.

A lo que voy: por si más tarde cometo el error bizantino de plagiar párrafos enteros de El Quijote o si reescribo algunos libros del Antiguo Testamento sin darme cuenta, por si comento o me apropio de un tema y no le doy crédito a nadie más por lo que estoy escribiendo, como si hubiera aparecido en mi cabeza desde la nada, ex nihilo, deseo por lo mientras empezar haciendo patente que el título de esta serie de textos es la versión al castellano que el traductor de otra novela de Eco (El péndulo de Foucault) hizo del término tetrapiloctomia, que es el “arte de cortar un cabello en cuatro”, así como el de ‘tripodología felina’ es el de “buscarle tres pies al gato”.