Una nota sobre el amor

 

Por Omar Arriaga Garcés

 

Así como Platón creía que existen básicamente dos tipos de delirio, uno que es una enfermedad del alma y otro que es un don de los dioses, siendo precisamente el amor uno de ellos, que se definía en la Antigüedad como la búsqueda de la belleza y de lo bello; de manera similar, parece claro que si bien no existe un tipo único de amor y que las relaciones humanas no pueden reducirse a estas tipificaciones, la amistad y los afectos de familia, incluso los de los animales, están de un lado.

 

Del otro, está lo que comienza a emerger sólo cuando dos personas sienten una iluminación interior gracias al otro. No sé si es posible lograr estas relaciones poliamorosas tan populares en Internet en los últimos tiempos, pero está claro que la atracción por otra persona es el primer paso hacia la pasión y quizás algo que más tarde pueda identificarse como amor.

 

¿Es el amor fácilmente identificable? Algunos dicen que sí, pero Francesco Alberoni observó en El erotismo (1986) que el interludio luminoso, es decir, la fase en la que uno se siente fascinado y encantado por el otro, aún no es el amor.

 

De hecho, si los síntomas persisten por más de seis meses o un año pudiera inclusiva hablarse de algún tipo de patología: química y fisiológicamente no es concebible que el cuerpo tolere esta condición, tanto es así que después de un cierto periodo uno se volvería inmune a la oxitocina y la dopamina, las sustancias provocadas por el encuentro y la presencia del otro.

 

¿Es el amor la pasión en sí misma? ¿El amor no causa sufrimiento? ¿Es el amor un camino de libertad? ¿Debe el amor ayudar al otro a convertirse en lo que ya es en principio? Es un enigma.

 

Lope de Vega, el dramaturgo español, dice que sólo después de un tiempo de convivencia se puede entender quién es el otro; en ese momento, es factible que nazca el amor como una forma de compartir una visión del mundo y de las cosas, aunque al final él mismo termine diciendo que el amor no se distingue muy bien del hábito. Esta afirmación no parece políticamente correcta, pero quizás sólo los años puedan responderla.